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Trazos, refugio y memoria: Victoria Ayats

by enelmedio

Conversación con la artista Victoria Ayats sobre el proceso creativo, la convivencia con la obra en tiempos digitales y su profunda conexión con los paisajes del norte y el sur argentino.

Por Fatima Taruselli 

¿Existió un momento clave en el que supiste que querías dedicarte al arte?

El arte siempre estuvo presente en mi vida, aunque de distintas maneras según la etapa que estuviera atravesando. Desde muy chica me gustaba dibujar. Recuerdo que copiaba los personajes de los dibujos animados que veía en la televisión y, más adelante, empecé a reproducir algunos cuadros que había en la casa de mi abuela. Creo que fue ahí cuando descubrí cuánto me gustaba el arte.

Con los años, ya inmersa en las responsabilidades de la vida adulta, volví a encontrarme con la pintura desde otro lugar. Al principio fue una manera de buscar un espacio propio, un momento de desconexión de la rutina cotidiana. Pero casi sin darme cuenta ese espacio se fue transformando en algo más profundo: empecé a sentir que necesitaba sentarme a pintar. Lo que comenzó como un momento de distracción  se convirtió en una parte esencial de mí.

No creo que haya habido un único momento en el que decidí dedicarme al arte. Más bien siento que el arte siempre estuvo ahí, esperando que le diera su lugar.

 ¿Cómo ha evolucionado tu arte desde tus primeras piezas hasta lo que estás creando hoy?

Mis primeras obras estaban más ligadas a la representación figurativa y a la búsqueda de precisión técnica. Me interesaba aprender a observar, comprender la luz, las sombras, las proporciones y el color.

Con el tiempo fui sintiendo curiosidad por otras formas de expresión: composiciones más libres, texturas y nuevas paletas. Hoy disfruto combinando lo figurativo con elementos abstractos. Me gusta que una obra pueda conservar algo reconocible y, a la vez, dejar espacio para que cada persona encuentre su propia interpretación.

Siento que mi pintura está en constante evolución. Me entusiasma seguir aprendiendo y experimentando, aunque mi corazón sigue estando en lo figurativo.

¿Qué referentes artísticos te marcaron en los inicios de tu obra?

Siempre admiré a los grandes maestros de la pintura clásica, especialmente su capacidad para crear atmósferas a través del manejo de la luz y las sombras. Me fascina el claroscuro: cómo a través de los contrastes se puede dar profundidad, volumen y dramatismo a una escena.

Leonardo da Vinci es uno de los artistas que más admiro, particularmente por su manera de representar la figura humana, la delicadeza de sus expresiones y su extraordinaria capacidad de observación. Quizás encuentro en él un punto de conexión entre mis dos mundos, la medicina y el arte. Aunque parecen disciplinas muy diferentes, ambas requieren observación, sensibilidad y curiosidad por comprender al ser humano.

Esa admiración por la luz y la figura humana influyó en mis comienzos y sigue presente en mi manera de mirar y de pintar.

 

 ¿Cómo definirías al arte? ¿Considerás que el arte salva?

Creo que el arte es algo tan amplio, libre  y subjetivo que no podría encerrarlo en una sola definición. Su significado depende de quien lo crea, de quien lo contempla y de la manera en q cada persona se relaciona con él.

Para algunos será una forma de expresión, una búsqueda de belleza, una manera de interpretar el mundo o una emoción.

Y sí, creo que el arte, de alguna manera, salva. En mi caso, la pintura se convirtió en un refugio, un espacio de libertad y de encuentro conmigo misma. Cuando me siento a pintar, siento que el mundo exterior se apaga. Pierdo la noción del tiempo y disfruto profundamente del proceso: experimentar con los colores, las luces y las formas, y descubrir cómo una obra va tomando vida.

No siempre parto de una emoción que necesito expresar. Muchas veces es simplemente el placer de crear, explorar y dejarme sorprender por lo que aparece en el lienzo.

 En la era digital e inmaterial en la que vivimos, ¿qué valor creés que sigue teniendo la pintura como objeto físico e interactivo?

Creo que en un mundo cada vez más digital, una obra original tiene un valor especial. Hay algo en la pintura que ninguna pantalla puede reproducir completamente: las texturas, las pinceladas, la materia y las huellas que deja el artista durante el proceso creativo.

Pero más allá de lo material, me gusta pensar que cuando una obra llega a una casa se convierte, de alguna manera, en un integrante más de ese hogar. Deja de pertenecer solamente al artista y empieza a formar parte de la vida cotidiana de quienes la eligieron.

Una pintura convive con las personas, acompaña sus espacios, cambia con la luz a lo largo del día y puede despertar distintas sensaciones con el paso del tiempo. Creo que ahí reside gran parte de su valor: no es simplemente algo que se mira, sino algo con lo que se convive.

 ¿En qué proyecto o serie estás trabajando actualmente?

Actualmente estoy en una etapa de exploración artística. Me gusta experimentar con los colores, las texturas y las composiciones, combinando elementos figurativos con otros más abstractos.

Mis ultimos trabajos fueron obras por encargo. Me gusta conocer los gustos de quien va a convivir con esa pintura: qué colores le atraen, qué formas prefiere, qué tamaño imagina. Me entusiasma interpretar esas ideas y plasmar su deseo en un bastidor.

En el medio de los encargos, estoy dedicando tiempo a perfeccionar mi técnica en el retrato, un género que siempre me atrajo por el desafío de captar no solo los rasgos de una persona, sino también su expresión y su esencia.

Por otro lado, siempre sigo trabajando en El Norte, una serie inspirada en los paisajes, las costumbres y la identidad de los Valles Calchaquíes. Es una serie que siento que nunca está completamente terminada, porque siempre encuentro nuevas imágenes, historias o rincones que me inspiran a sumar una obra más.

Entre mis proyectos futuros está El Sur, una serie que busca continuar ese camino desde otra mirada. La Patagonia tiene para mí un significado especial, ligado a mis raíces familiares, mis recuerdos y los paisajes que siempre me conmovieron. Me entusiasma explorar sus montañas, lagos y bosques, sus luces y colores, y llevar al lienzo no solo lo que veo, sino también lo que esos lugares me hacen sentir.

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