Por Andrea Sztychmasjter
Se trata de tres mujeres que vieron al hombre con el perrito y que sería el mismo que fotografíó Jimena Salas minutos antes de su asesinato y que según la hipótesis fiscal sería Javier Saavedra.
La primera testigo de apellido Godoy en enero de 2017 se encontraba cuidando la casa de una amiga en Vaqueros. En la audiencia declararon esa vecina, su madre y la dueña de la casa. Por otro lado, testificó una cuarta mujer quien también contó que un hombre se presentó en su domicilio en Vaqueros aduciendo que tenía una perrita perdida.
El paso del tiempo, los ocho años que han pasado de aquel fatal mediodía dan cuenta del letargo de la justicia pero también de lo difícil que se hace para las personas mantener recuerdos vivos de lo que pasaron en aquel momento. Esto produce que muchos detalles se pierdan y por supuesto datos precisos que harían a los investigadores tener certezas sobre lo que investigan.
Madre e hija
Madre e hija aseguraron que cuatro días antes del crimen se encontraban en la vivienda de su amiga y ambas vieron a un hombre con una perrita. La madre aseguró que se encontraba en el balcón y divisó a un hombre que se acercaba alzando una perrita, el mismo le preguntó si sabía de quien era porque la mascota se encontraba perdida.
La madre le avisó a su hija y ésta salió y abrió las rejas de la vivienda para que el joven con el perrito entrara al jardín en donde le comentó la situación sobre la mascota.
Esta mujer que recibió al mismo hombre que habría atacado a Jimena Salas representa un testimonio clave para la actual línea investigativa. No solamente porque logró sacar fotos al sujeto y a la mascota que muestran que se trataría de la misma persona que abordó a Salas, sino además porque da cuenta que verdaderamente existió alguien que en enero de 2017 realizó el mismo accionar en varias casas de Vaqueros.
“Salgo yo, lo recibo y le abro la puerta del perímetro con puerta de rejas, pasador, y lo hago pasar. Me dice que era vecino que estaba yendo a trabajar, y que había encontrado esa perrita y que no sabía quién era el dueño. Creo que estuve entre 15 y 20 minutos con esta persona. Le prepongo sacarle una foto a la perrita y compartirla con mi amiga para hacerle llegar la foto con otros vecinos”, aseguró.
La mujer señaló que sacó tres fotos con su celular, le pidió el nombre y un teléfono. “Después él se va inmediatamente, le mando un mensaje a mi amiga y le envío las fotos (..). Mi amiga nunca compartió esas fotos en ese momento”, recordó la mujer.
Para los investigadores el número de teléfono que compartió el hombre es un dato clave que también sitúa a Javier Saavedra. Según el encargado de la investigación el policía Colque, el número de teléfono que “Matías” como dijo llamarse a la joven es casi el mismo número de celular que utilizada Saavedra solo que en ese entonces se lo habría pasado intercambiado en los dos últimos dígitos.
La mujer reseñó que al pasar los días no relacionó el crimen con lo que había vivido el lunes de esa semana. Que recién cuando se dieron a conocer por la Fiscalía las imágenes rescatadas del celular de Jimena Salas, su amiga recordó que ella le había mandado aquellas fotos y descubrió que era igual a la perrita de ese hombre que había atendido. Allí decidieron acudir a la justicia y mostrar las fotos que ella había sacado.
Fue en diciembre de 2017 cuando los fiscales penales Pablo Paz y Rodrigo González Miralpeix, revelaron como probable que los asesinos lograron acceder a la casa de la víctima a partir del “cuento del perro extraviado”. En ese entonces señalaban que se había logrado extraer con éxito la memoria interna del teléfono, tarea que fue realizada por expertos del Cuerpo de Investigaciones Judiciales de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires mediante una técnica denominada “Chip-off”. A su vez se contrató a una empresa privada que adquirió desde Taiwán un dispositivo que permitió leer la memoria del celular hallado por partes, porque en Argentina no había dicho dispositivo.

Foto tomada por Jimena Salas minutos antes de ser asesinada.

Foto tomada por la testigo cuatro días antes del crimen.
“No puedo asegurar que sea la misma persona”
La mujer prosiguió su declaración y relató que recuerda que el hombre tenía: “Tés blanca y pelo oscuro, rostro angosto proporcionado, esa es mi imagen, persona flaca, joven, para mí tenía 24 o 25 años”.
Sin embargo, también se sinceró al decir que su memoria está intervenida por esas fotos que pudo sacarle al joven donde no se ve el rostro pero sí parte de su torso. También hizo hincapié en que recordaba que el joven “estaba más o menos formal (en su vestimenta), era coherente su presentación como que se estaba yendo a trabajar, estaba presentable, no era muy formal, pero parecía sí un joven que se iba a trabajar, me daba la sensación que tenía una ‘camisita’, bien peinado. Descubierta la cara, no tenía barba”, detalló.
Aseguró además que tenía en brazos una perrita gris, que estaba cuidada y su pelaje como si la hubiera llevado a la peluquería, con correa.
“No sospeché de nada, para mí era una situación verosímil”, aseguró.
Durante su testimonio le mostraron fotografías de Javier Saavedra con su aspecto parecido al año 2017, la testigo señaló: “yo encuentro que hay un parecido en cuanto a su perfil general, de su color de piel, de su contextura física. Yo vi una persona, de manera general pero no me acuerdo sobre sus ojos que son característicos, como achinados y cejas frondosas, no me acuerdo que haya sido así, pero lo demás, no puedo asegurar que sea la misma persona”.
Durante su declaración la testigo pidió poder exteriorizar una reflexión: “Esta etapa del segundo juicio me genera mucha preocupación, ansiedad”, agregó que se preguntó “si yo seré una suerte de sobreviviente de una situación que podría ser grave. Confié en esa persona. Hice exactamente lo mismo que Jimena Salas cuatro días antes”.
Consigna Policial
La testigo señaló que a raíz de un hecho divisado en su vivienda estuvo durante varios meses con consigna policial: “El año pasado en mayo detecté en un poste en la reja de mi casa estaban puesta las letras de mi apellido, en ese momento me llamó la atención y les pregunté a unos amigos si esa era una manera de marcar una casa”. La mujer señaló que por precaución expuso la situación en una comisaría y ante posibles amenazas por resguardo.
